No esperemos al 'Ya hablará'

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"Ya hablará". Es la frase que en muchas ocasiones se escucha entre familiares e, incluso, en Centros Médicos ante casos de niños/as que alrededor de los 2 años (o incluso más) apenas han arrancado a hablar. Y realmente, la frase debería ser “Ya debería hablar”.

La teoría dice que alrededor del primer año de edad surge la primera palabra (no es fácil precisarlo y cada niño tiene un ritmo flexible; a veces es un poco antes y otras veces un poco después), pero lo que sí está evidenciado es que entre el año y medio de vida y los 2 años, surge la explosión del léxico y el niño/a debe al menos poder producir (decir) unas 50 palabras y comprender fácilmente el doble.

Y es sobre esa edad (2 años) cuando los niños/as empiezan a unir 2 palabras para construir frases sencillas, dando a entender el significado de una frase más larga o compleja (“¡mamá aba!” en vez de “¡mamá, yo quiero agua!”). Un poco más adelante, entre los 2 años y medio y los 3 años, ya pueden realizar frases de 3 elementos o más. Y es a partir de los 3 años cuando sus frases comienzan a enriquecerse y a parecerse a las construcciones de los adultos.

Entre esas edades (1 año y los 3 años) los errores en la articulación son muy comunes. Faltan o sustituyen fonemas (“toche” en vez de “coche”, "sapato" en vez de "zapato" o “pelo” en vez de “perro”) y antes de los 3 años no se inicia la intervención de la articulación y de los fonemas afectados: será a partir de entonces cuando algunos fonemas deben estar bien articulados y sin errores (por ejemplo: L, M, P, T, B…) frente a otros que pueden esperar algún año más (por ejemplo: Z, S o las famosas R).

Por lo tanto, cuando encontramos niños/as con 2 años y medio o incluso 3 años diciendo una docena de palabras (muchas dersl2 ellas, con muchos errores articulatorios, e incluso ininteligibles) y que apoyan mucho su manera de comunicarse mediante gestos o con mucha ayuda de un adulto, no basta con esperar a un “Ya hablará”. Nos estamos encontrando, inicialmente, con un niño que presenta un RETRASO SIMPLE DEL LENGUAJE (RSL), que necesita la valoración de un logopeda y una urgente intervención basada en la estimulación del Lenguaje en todos sus componentes.

Cuando estos niños/as no se detectan a tiempo y pasan de los 3 años (o aun habiéndose detectado a tiempo, pero siendo casos más graves) tienden a conllevar un retraso del Lenguaje significativo respecto a sus iguales: permanecen dislalias (articulación incorrecta de fonemas que deberían estar adquiridos) y un discurso y una capacidad comunicativa mucho más pobre e infantilizada. Finalmente arrastran dificultades a nivel escolar (un aprendizaje de la lectoescritura más costosa, por ejemplo) e, incluso, conductas inadecuadas (rabietas, frustración…).

Por el contrario, un niño/a detectado a tiempo, una intervención logopédica estimulará, apoyará y fortalecerá el desarrollo del lenguaje, evitando o corrigiendo los errores y las dificultades detectadas durante su evolución. Más adelante, el logopeda deberá dar soporte a la escolarización, con especial atención al proceso de aprendizaje de la Lectoescritura.

Generalmente, los niños/as que han presentado un RSL, tras la intervención logopédica, como muy tarde a los 6 o 7 años, han alcanzado un desarrollo normativo del Lenguaje y no presentarán ninguna dificultad asociada.

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